No me faltó tiempo.
Lo tuve todo, en mis manos
que temblaban, derramándolo,
como hormigas que huían de mis abrazos.
No me hizo falta más que un pequeño instante
para cegarme de la luz que tus ojos me escupían.
Y volqué mi porfía en ataques de ilusiones
por conseguir, como trofeo, tu flor febea.
Pero demasiado ardía mi sangre,
Demasiado fuerte respiraba mi mente,
Demasiado crujían mis emociones,
Y demasiadas ondas lanzaba mi alma, vibrando.
Y te asustaste. Y volaste. Y huiste.
Y desapareciste.
Y mis pies, embarrados de razón,
se negaban a perseguirte.
Aún hay conflictos en mi jaula,
bélicas batallas entre elfos y cisnes.
Aún levanto la mirada cuando silban los árboles
por si fueran tus manos las que mecen sus ramas.
Pero no te guardo rencor, no puedo.
Mi locura se disfraza de gris calma.
Si fue un capricho, aún lo siento.
Si estuve enamorado, aún me quema.
Ni tú has muerto ni yo he dejado de vivir.
Pero aún agonizo. Pero aún respiro.
Pero aún me desangro. Pero aún brillo.
Es posible que este gris en los párpados no sea más que una neblina de aguas dormidas. Espero que sólo sea eso... Un pequeño trance entre arenas. Busco y busco más cadáveres que estrellas. Y entre vasos de humores oscuros se disuelven las plumas de un cisne desnudo ante el lago. No ven que no quiero lo que voy buscando... Busco y busco íncubos y sátiros.. Busco y busco; paro, no busco.. Atadme una llama a cada mano, que solo mis vuelos se sacudan, que solo mis alas me masturben... Yo quiero horizontes, así que quitadme los mapas.. Un puño; varias velas. Una lengua; roja sangre. Par de ojos: cristales.. No busco y busco.. Paro, me despierto.. Mírate, Evele: Ya has malgastado demasiado tiempo..
Calma, alondra, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de coches y tacones
Golpean las gotas y mis latidos contra el asfalto.
Sombras indecisas de algún puñal intacto
Que mece, entre puño y carne, el frio rojizo
De acantilados que no supuran,
De cortafuegos forestales
En algún joven volcán diseña-mundos.
Calma, gacela, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de antenas y oradores
Se estrellan las gotas y mis ladridos contra el asfalto.
Lunas que tejen tupidos velos en lo alto
Con hipócritas, cometas y astros, desnudos
Frente al mar implacable que desmiembra
El mar que cubre de víctimas la tierra
El mar de la hemorragia
El agua de los corazones ahorcados.
Yo no era más que un iluso. Un esperanzado.
Menos que un soñador. Apenas una brisa
Que agitaba las velas de barcos y candelabros.
Yo no era más que esa corriente de soplos
Que medía, entre callejones y puertos,
La fuerza de la marea entre las venas
Buscando, por cabellos, alguna ciudad sin vigías
Alguna aldea florecida, sin templos asustados.
No cansaban mis ojos con llantos.
Cuanto más enmohecida encontraba el alma,
Más me enamoraba de su silencio
Y más se agitaba, cabalgando sobre el oleaje, el viento.
Pero ahora… calma, hormiga, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de redes y hostigadores
Se abrazan las gotas y mis sentidos contra el asfalto.
Las plumas y las manos descansan en pobres arcones
Y dejan sitio a la arena entre cristales
Y a la escarcha en los tejados.
Que suenen o callen las campanas me da igual;
No buscaré más perlas ni diamantes
No limpiaré callejones. No cocinaré guisantes.
No esperaré que nazca una aurora
Ni mimaré su naranja o su corona.
Que solo la tormenta controla mi viaje
Y solo las nubes tejerán mi estela.
Solo el pájaro que llegue sin quemar sus alas,
Sin quebrar su pico y sin caducar sus garras
Irrumpirá entre los rayos y la calma
Y será suave su caricia bajo los pétalos
Y sonará hermoso su trino entre los truenos.
Porque basta de poetas impacientes
Basta de aves decapitadas
Tan sólo besos de cielo y tierra,
De mar y abismo, de árbol y nodriza.
Así que calma, mariposa, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de copas y telarañas
Estallan las gotas y mis abrazos contra el asfalto.
Llegarán los caballos. Cantarán las golondrinas.
Bailarán los días de mayo. Pero ahora, entre las algas,
Que siga tu fuego dormitando
Que siga tu estrella descansando.
Tan sólo calma, dragón, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de leones y carnavales
Perforarán las gotas y mis dedos el asfalto…
En esta playa están mis penas Y mis alegrías bailando con la Luna Mi dolor revolcándose en la arena Mi paz, de escarcha y duna
La hiedra amarga de mis idilios La flor mimosa de mis acacias La marea blanca de mis ríos Y el hielo negro de mi desgracia
Flotan susurros reprimidos Vuelan cuervos desterrados Polvo, flores, bruma y brillo Ensenada de cristal nacarado
Todas estas cosas emergen, deslumbran Desaparecen, evolucionan, marchitan Van o vienen o quedan o marchan o huyen En esta bahía de lámpara y mesita
Playa techada de un Sol sempiterno Rodeado de noche, de estrella y rocío En la arena, sólo una cosa quieta, Sólo una permanece inmóvil y sin frío
Aquella cosa en un cofre sin llave Aquella de ojos pardos y mirada grave Ésa brava y áurea y sosegada Aquella de corona azul y rastro de ave
Descendió a mi playa con luz de diamante Con batir de cisne y vuelo de horizonte Se posó en mis cristales sin quejas, con arrullo Alba su alma cual monoceronte
No sentí llama más luminosa No he sentido fuego más puro
Con edad de universo cuajado de nebulosas Filtró su belleza en mi pensamiento Con un eco de jilguero, de alondra, golondrina Templó mi alma y sesgó mi miedo
Nació una selva de orquídeas En las granadas alcobas de mi pecho No quise otra luz que su sonrisa ¡Ay, no quiero otras sonrisas ni otro acecho!
Tiempo ha llovido, Saturno ha comido Desde aquel inmortal día nublado Y él aún sigue en mi arena, con mi mar En mi playa de corazón garuado Con mi Estrella y con mi Luna Con mi cielo, con mi noche Con mis elfos, con mis montes Con mis tercos y delicados cisnes Con mis recuerdos, con mis sueños Con mis olas, con mi Sol Con esperanza… Con esperanza…
No creas que intenté olvidarte No pienses que te he olvidado Mi cristal te entregué con las mareas Mi cristal, corazón abrillantado
Han soplado vientos en este golfo De orilla, de ilusión y de deseo Ninguno me ha domesticado Sólo tu tormenta me tiene preso
Pero ya se impacienta tu recuerdo Te quiere vivo, tangible y pleno
Ahora, en este día, en esta noche, Mi lengua eleva su dictamen Que emerge del
profundo fondo marino Con voz de hechicero, de musa, de trino ¡Poderoso amor, inspira mi viaje! Sólo llevo mi alma por equipaje ¡Y ese corazón donde bebí la vida Presenciará una lucha con mi destino! No tendré victoria ni saldré vencido Sino que habrá una playa y un mar encantado Donde reposarán y volarán dos enamorados…
Aún hay muchas cosas que no entiendo del clima Cosas que no entiendo de los sueños De la vida, del mar, del cosmos… Dudas sobre el humo y sobre el hambre de la ira. Cosas que no entiendo de los dioses. Cosas que no entiendo del ser humano. ¿Dónde está la línea que divide la arena de los tornados? Hoy los corazones se venden en Ebay Y las almas en los supermercados. El hombre agarra el deseo de su forma primitiva, Lo ata con una cuerda y lo saca de paseo. Nadie termina de entender nada. Alguien, a lo menos, comprende un poco. Y cuando una velita tiembla de frio El hombre lame sus yemas y la apaga con los dedos. El hombre es también culpable de su deseo. Víctima de su deseo. Cómplice de su encanto. Llama vida al grito de un venado Y luego cuelga sus astas en alguna taberna Cuyo posadero limpia con saliva los vasos. El hombre mira fijo al firmamento E ignora las estrellas, buscando un cometa Que brille lo suficiente, aunque sea sólo un rastro. El hombre muerde los labios que besa. El hombre quiere ver margaritas en los pastos. Si aparece un destello dorado por la mañana Se coloca sus gafas y lo vuelve morado. El hombre miente. Miente la sombra del hombre. Miente si ve que le sigue los pasos. Cántame una nana, madre; que lloran los astros. El hombre miente, madre. Esconde los brazos. No gana nada. Ni flores ni ciervos astados. ¿De qué le sirve entonces el vacío de un río seco? No gana agua. No gana valor. No pierde tiempo. ¿Y yo? Tampoco gano. Nada entiendo. Es triste ver al hombre consumir su hoguera. Como el cristal de un lago, yo cedo si me tiran la piedra. Yo tiendo, en vano, mi ímpetu a la espera. Y mientras, acostumbro a dar sin extender la otra mano. Lo que quieres, lo coges. Yo aguanto la mesa Y relleno la copa de vino dulce. Vino que aún no he probado. Traté de preparar el desayuno Y el hombre no agradece, sino que además pide el periódico. Me desengaño. Me decepciono por el hombre. Dame una cesta y te la llenaré de flores Pero no me pidas que ame cada uno de sus tallos. Yo ya amo cada uno de sus tallos Aunque en ella solo veas una paleta de colores. El hombre me da pena cuando es cruel Cuando reclama, pide; y te hace beber zumo de sus zapatos. El hombre no es consciente de lo que arranca. El hombre es consciente de lo que destruye. Y aún así coge su pipa y narra su historia En medio de una partida de póker. Le doy una calada a la noche y reclino la cabeza. Yo soy un elfo; vosotros sólo hombres…