Calma, alondra, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de coches y tacones
Golpean las gotas y mis latidos contra el asfalto.
Sombras indecisas de algún puñal intacto
Que mece, entre puño y carne, el frio rojizo
De acantilados que no supuran,
De cortafuegos forestales
En algún joven volcán diseña-mundos.
Calma, gacela, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de antenas y oradores
Se estrellan las gotas y mis ladridos contra el asfalto.
Lunas que tejen tupidos velos en lo alto
Con hipócritas, cometas y astros, desnudos
Frente al mar implacable que desmiembra
El mar que cubre de víctimas la tierra
El mar de la hemorragia
El agua de los corazones ahorcados.
Yo no era más que un iluso. Un esperanzado.
Menos que un soñador. Apenas una brisa
Que agitaba las velas de barcos y candelabros.
Yo no era más que esa corriente de soplos
Que medía, entre callejones y puertos,
La fuerza de la marea entre las venas
Buscando, por cabellos, alguna ciudad sin vigías
Alguna aldea florecida, sin templos asustados.
No cansaban mis ojos con llantos.
Cuanto más enmohecida encontraba el alma,
Más me enamoraba de su silencio
Y más se agitaba, cabalgando sobre el oleaje, el viento.
Pero ahora… calma, hormiga, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de redes y hostigadores
Se abrazan las gotas y mis sentidos contra el asfalto.
Las plumas y las manos descansan en pobres arcones
Y dejan sitio a la arena entre cristales
Y a la escarcha en los tejados.
Que suenen o callen las campanas me da igual;
No buscaré más perlas ni diamantes
No limpiaré callejones. No cocinaré guisantes.
No esperaré que nazca una aurora
Ni mimaré su naranja o su corona.
Que solo la tormenta controla mi viaje
Y solo las nubes tejerán mi estela.
Solo el pájaro que llegue sin quemar sus alas,
Sin quebrar su pico y sin caducar sus garras
Irrumpirá entre los rayos y la calma
Y será suave su caricia bajo los pétalos
Y sonará hermoso su trino entre los truenos.
Porque basta de poetas impacientes
Basta de aves decapitadas
Tan sólo besos de cielo y tierra,
De mar y abismo, de árbol y nodriza.
Así que calma, mariposa, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de copas y telarañas
Estallan las gotas y mis abrazos contra el asfalto.
Llegarán los caballos. Cantarán las golondrinas.
Bailarán los días de mayo. Pero ahora, entre las algas,
Que siga tu fuego dormitando
Que siga tu estrella descansando.
Tan sólo calma, dragón, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de leones y carnavales
Perforarán las gotas y mis dedos el asfalto…
Que bajo el vulgar estruendo de coches y tacones
Golpean las gotas y mis latidos contra el asfalto.
Sombras indecisas de algún puñal intacto
Que mece, entre puño y carne, el frio rojizo
De acantilados que no supuran,
De cortafuegos forestales
En algún joven volcán diseña-mundos.
Calma, gacela, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de antenas y oradores
Se estrellan las gotas y mis ladridos contra el asfalto.
Lunas que tejen tupidos velos en lo alto
Con hipócritas, cometas y astros, desnudos
Frente al mar implacable que desmiembra
El mar que cubre de víctimas la tierra
El mar de la hemorragia
El agua de los corazones ahorcados.
Yo no era más que un iluso. Un esperanzado.
Menos que un soñador. Apenas una brisa
Que agitaba las velas de barcos y candelabros.
Yo no era más que esa corriente de soplos
Que medía, entre callejones y puertos,
La fuerza de la marea entre las venas
Buscando, por cabellos, alguna ciudad sin vigías
Alguna aldea florecida, sin templos asustados.
No cansaban mis ojos con llantos.
Cuanto más enmohecida encontraba el alma,
Más me enamoraba de su silencio
Y más se agitaba, cabalgando sobre el oleaje, el viento.
Pero ahora… calma, hormiga, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de redes y hostigadores
Se abrazan las gotas y mis sentidos contra el asfalto.
Las plumas y las manos descansan en pobres arcones
Y dejan sitio a la arena entre cristales
Y a la escarcha en los tejados.
Que suenen o callen las campanas me da igual;
No buscaré más perlas ni diamantes
No limpiaré callejones. No cocinaré guisantes.
No esperaré que nazca una aurora
Ni mimaré su naranja o su corona.
Que solo la tormenta controla mi viaje
Y solo las nubes tejerán mi estela.
Solo el pájaro que llegue sin quemar sus alas,
Sin quebrar su pico y sin caducar sus garras
Irrumpirá entre los rayos y la calma
Y será suave su caricia bajo los pétalos
Y sonará hermoso su trino entre los truenos.
Porque basta de poetas impacientes
Basta de aves decapitadas
Tan sólo besos de cielo y tierra,
De mar y abismo, de árbol y nodriza.
Así que calma, mariposa, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de copas y telarañas
Estallan las gotas y mis abrazos contra el asfalto.
Llegarán los caballos. Cantarán las golondrinas.
Bailarán los días de mayo. Pero ahora, entre las algas,
Que siga tu fuego dormitando
Que siga tu estrella descansando.
Tan sólo calma, dragón, aunque la lluvia siga cayendo.
Que bajo el vulgar estruendo de leones y carnavales
Perforarán las gotas y mis dedos el asfalto…

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