Aún hay muchas cosas que no entiendo del clima
Cosas que no entiendo de los sueños
De la vida, del mar, del cosmos…
Dudas sobre el humo y sobre el hambre de la ira.
Cosas que no entiendo de los dioses.
Cosas que no entiendo del ser humano.
¿Dónde está la línea que divide la arena de los tornados?
Hoy los corazones se venden en Ebay
Y las almas en los supermercados.
El hombre agarra el deseo de su forma primitiva,
Lo ata con una cuerda y lo saca de paseo.
Nadie termina de entender nada.
Alguien, a lo menos, comprende un poco.
Y cuando una velita tiembla de frio
El hombre lame sus yemas y la apaga con los dedos.
El hombre es también culpable de su deseo.
Víctima de su deseo. Cómplice de su encanto.
Llama vida al grito de un venado
Y luego cuelga sus astas en alguna taberna
Cuyo posadero limpia con saliva los vasos.
El hombre mira fijo al firmamento
E ignora las estrellas, buscando un cometa
Que brille lo suficiente, aunque sea sólo un rastro.
El hombre muerde los labios que besa.
El hombre quiere ver margaritas en los pastos.
Si aparece un destello dorado por la mañana
Se coloca sus gafas y lo vuelve morado.
El hombre miente. Miente la sombra del hombre.
Miente si ve que le sigue los pasos.
Cántame una nana, madre; que lloran los astros.
El hombre miente, madre. Esconde los brazos.
No gana nada. Ni flores ni ciervos astados.
¿De qué le sirve entonces el vacío de un río seco?
No gana agua. No gana valor. No pierde tiempo.
¿Y yo? Tampoco gano. Nada entiendo.
Es triste ver al hombre consumir su hoguera.
Como el cristal de un lago, yo cedo si me tiran la piedra.
Yo tiendo, en vano, mi ímpetu a la espera.
Y mientras, acostumbro a dar sin extender la otra mano.
Lo que quieres, lo coges. Yo aguanto la mesa
Y relleno la copa de vino dulce.
Vino que aún no he probado.
Traté de preparar el desayuno
Y el hombre no agradece, sino que además pide el periódico.
Me desengaño. Me decepciono por el hombre.
Dame una cesta y te la llenaré de flores
Pero no me pidas que ame cada uno de sus tallos.
Yo ya amo cada uno de sus tallos
Aunque en ella solo veas una paleta de colores.
El hombre me da pena cuando es cruel
Cuando reclama, pide; y te hace beber zumo de sus zapatos.
El hombre no es consciente de lo que arranca.
El hombre es consciente de lo que destruye.
Y aún así coge su pipa y narra su historia
En medio de una partida de póker.
Le doy una calada a la noche y reclino la cabeza.
Yo soy un elfo; vosotros sólo hombres…

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